En el marco del Día del Trabajador, un análisis sobre la situación laboral en Bolivia destaca que el esfuerzo de las mujeres se ha convertido en el sostén fundamental de los hogares. En un contexto de empleo informal y fragilidad económica, la resiliencia femenina garantiza la estabilidad básica de la economía nacional.
Motor de la economía informal y el emprendimiento
Ante la escasez de empleos formales con beneficios sociales, miles de mujeres han liderado la creación de microemprendimientos y actividades comerciales. Este dinamismo ha permitido que:
- Sustento familiar: En una gran proporción de hogares bolivianos, el ingreso generado por la mujer es la fuente principal o la única que cubre alimentación y educación.
- Flexibilidad y adaptación: La capacidad de las mujeres para diversificar sus fuentes de ingreso ha servido como un amortiguador social frente a la volatilidad de los precios.
Desafíos: Brecha salarial y doble jornada
A pesar de su rol protagónico, el reporte señala que las mujeres aún enfrentan barreras estructurales significativas:
- Precariedad laboral: La mayoría se desempeña en el sector informal, careciendo de seguro de salud o aportes para la jubilación.
- Carga de cuidado: Se mantiene la «doble jornada», donde las mujeres combinan el trabajo remunerado con las tareas del hogar y el cuidado de dependientes, labores que no son remuneradas ni plenamente reconocidas.
- Brecha de ingresos: En diversos sectores, persiste una diferencia salarial respecto a los varones por tareas de igual responsabilidad.
La necesidad de políticas de inclusión
Expertos en economía social sugieren que para fortalecer este pilar económico es necesario avanzar en políticas públicas que promuevan la formalización con enfoque de género. Esto incluye el acceso a créditos preferenciales para emprendedoras, sistemas de cuidado infantil estatales y una mayor protección contra el acoso laboral.
Un pilar en tiempos de crisis
El análisis concluye que, si bien el mercado laboral boliviano muestra signos de fragilidad, la participación femenina es el componente más resiliente. Su rol no solo es económico, sino también social, al mantener cohesionada la estructura familiar en periodos de incertidumbre financiera. Reconocer y potenciar este trabajo se perfila como una de las tareas pendientes más urgentes para el desarrollo sostenible del país en este 2026.


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