Etiqueta: Opinión

  • Rejuvenecer el cuerpo: el nuevo horizonte de la ciencia moderna

    Rejuvenecer el cuerpo: el nuevo horizonte de la ciencia moderna

    La búsqueda de la inmortalidad humana, impulsada por avances científicos y biotecnológicos, abre nuevas posibilidades para prolongar la vida, pero también plantea interrogantes éticos y límites aún inciertos para la humanidad.

    Avances científicos en rejuvenecimiento

    Investigaciones recientes buscan “rebobinar” el envejecimiento celular a partir de estudios del científico Shinya Yamanaka. Sus descubrimientos permiten reprogramar células adultas a un estado similar al de células madre, lo que abre la puerta a regenerar tejidos dañados e incluso tratar enfermedades como el glaucoma mediante ensayos clínicos en humanos.

    Eliminación de células envejecidas

    Otra línea clave es la eliminación de células senescentes, aquellas que dejan de dividirse pero continúan en el organismo liberando sustancias que aceleran el envejecimiento. La ciencia trabaja en el desarrollo de fármacos capaces de eliminarlas y así mejorar la salud y longevidad del cuerpo humano.

    El negocio de la longevidad

    El interés por extender la vida ha generado un creciente mercado que abarca desde la biotecnología hasta la medicina preventiva. Este sector busca no solo aumentar la esperanza de vida, sino también mejorar la calidad de los años vividos, posicionando la longevidad como una industria en expansión.

    ¿Inmortalidad real o prolongación de la vida?

    Aunque el concepto de inmortalidad implica vivir indefinidamente, la ciencia actual se enfoca más en retrasar el envejecimiento que en eliminar la muerte. Incluso los organismos considerados “biológicamente inmortales” pueden morir por enfermedades o factores externos, lo que evidencia los límites actuales del conocimiento.

    Desafíos éticos y humanos

    Más allá de los avances, la posibilidad de vivir indefinidamente plantea dilemas filosóficos y sociales: desde el acceso desigual a estas tecnologías hasta el sentido mismo de la vida sin un final. La inmortalidad, más que una realidad inmediata, se mantiene como un horizonte científico que aún requiere resolver múltiples desafíos.

  • Barral critica que la política se ha vuelto un negocio en Bolivia

    Barral critica que la política se ha vuelto un negocio en Bolivia

    El exdiputado Amílcar Barral cuestionó la actual práctica política en Bolivia, señalando que se ha convertido en un negocio, denunciando la falta de principios y el deterioro de las organizaciones políticas en el país, en el contexto actual de fragmentación política tras las elecciones subnacionales de 2026.

    Crítica a la práctica política

    El exdiputado Amílcar Barral afirmó que la política en Bolivia ha dejado de ser un espacio de servicio público para convertirse en un negocio. Según su criterio, esta situación refleja una pérdida de valores y principios dentro de las organizaciones políticas.

    Cuestionamientos a los actores políticos

    Barral lamentó que ya no existan partidos sólidos ni estructuras ideológicas claras, lo que, a su juicio, debilita la democracia y favorece intereses personales por encima del bien común. También cuestionó el accionar de autoridades y legisladores actuales.

    Contexto de fragmentación política

    Sus declaraciones se dan en un escenario político marcado por la dispersión de fuerzas. Las elecciones subnacionales de 2026 evidenciaron que 59 organizaciones políticas se repartieron los 330 municipios del país, sin una fuerza dominante .

    Riesgos para la democracia

    El exlegislador advirtió que esta dinámica puede afectar la credibilidad del sistema político, ya que la ciudadanía percibe que las decisiones responden a intereses económicos o de poder, y no a las necesidades de la población.

    Llamado a recuperar la política

    Finalmente, Barral instó a retomar el sentido original de la política como herramienta de servicio, transparencia y representación ciudadana, en un momento en que Bolivia atraviesa una etapa de cambios y reconfiguración del poder político.

  • Saavedra: Bolivia atraviesa un proceso de desdemocratización preocupante

    Saavedra: Bolivia atraviesa un proceso de desdemocratización preocupante

    El politólogo Marco Antonio Saavedra Mogro analiza la coyuntura política del país, señalando que el uso abusivo del poder, la falta de reformas institucionales y decisiones como la cancelación del balotaje en La Paz reflejan un deterioro democrático en Bolivia, este 5 de abril de 2026.

    Crisis de la democracia representativa

    El análisis sostiene que Bolivia atraviesa un proceso de “desdemocratización”, marcado por la pérdida de legitimidad en las instituciones y la falta de voluntad política para impulsar reformas estructurales. Según Saavedra, no existe interés en mejorar el sistema judicial, fortalecer la transparencia ni recuperar la confianza en el órgano electoral.

    Decisiones que generan desconfianza

    Uno de los hechos que evidencia esta crisis es la cancelación de la segunda vuelta electoral en la Gobernación de La Paz. El politólogo considera que esta medida vulnera principios constitucionales como el derecho al voto y la soberanía popular, generando dudas sobre la transparencia del proceso electoral.

    Un sistema político cuestionado

    Saavedra advierte que el problema no es un hecho aislado, sino el reflejo de un sistema político “corrompido y pervertido”, donde las élites manipulan las reglas democráticas según sus intereses. A su juicio, esto consolida prácticas como el clientelismo y debilita la institucionalidad del Estado.

    Polarización y malestar social

    El análisis también alerta sobre el crecimiento del descontento ciudadano y la polarización social. La acumulación de “ira popular” podría traducirse en movilizaciones que definan el rumbo político del país, especialmente ante decisiones que se perciben como imposiciones alejadas de la voluntad del electorado.

    Llamado a renovar la política

    Finalmente, el politólogo plantea la necesidad de una renovación profunda del sistema político, basada en la transparencia, el respeto a la democracia y el surgimiento de nuevas generaciones. Advierte que continuar con prácticas tradicionales podría agravar la crisis y poner en riesgo la convivencia democrática en Bolivia.

  • La “memecracia” alerta sobre el impacto de la desinformación en la política

    La “memecracia” alerta sobre el impacto de la desinformación en la política

    El analista Hugo Salvatierra Rivero advirtió en 2026 que la llamada “memecracia” transforma la comunicación política en Bolivia, especialmente en Santa Cruz, mediante el uso de redes sociales y contenidos virales que priorizan el ataque y la manipulación sobre el debate de propuestas.

    Comunicación como herramienta de manipulación

    El concepto se basa en la crítica del filósofo Jürgen Habermas, quien cuestiona el uso de la comunicación como un medio de control. En este contexto, se advierte que la estrategia política deja de buscar el entendimiento para centrarse en influir y condicionar al electorado.

    El auge de los memes y videos cortos

    Las plataformas digitales han desplazado a los medios tradicionales, dando paso a contenidos como memes y videos breves que apelan al humor y la burla. Esta dinámica reduce el análisis crítico y fomenta la viralización de mensajes simplificados.

    Fragmentación del voto

    Según el análisis, estas estrategias contribuyen a dividir al electorado, debilitando a candidatos con mayor respaldo y favoreciendo la dispersión del voto, el ausentismo o incluso el voto en blanco.

    El riesgo del efecto bumerán

    El uso excesivo de ataques puede generar reacciones contrarias en la ciudadanía. En algunos casos, los candidatos afectados pueden ganar apoyo por percepción de victimización frente a campañas agresivas.

    La apuesta por el periodismo responsable

    Frente a este escenario, se plantea fortalecer el periodismo ético y el fact-checking como herramientas clave para combatir la desinformación, además de promover debates centrados en propuestas concretas que aporten al desarrollo democrático.

  • De la democracia de los augurios y la manipulación

    De la democracia de los augurios y la manipulación

    Ramiro Martín Luján Chávez

    Economista

    Es Karl Popper quien introduce el concepto de “efecto Edipo”, para describir la idea de que una predicción puede alterar el comportamiento humano hasta el punto en que manipula a las personas para que ocurra aquello que fue predicho. Es un caso particular de lo que también se llama profecía autocumplida o profecía autofrustrante, dependiendo de si la predicción favorece que ocurra lo predicho, o más bien provoca que no ocurra. Popper usa la historia de Edipo (el oráculo predice que matará a su padre y se casará con su madre; Edipo, intentando evitarlo, acaba cumpliendo la profecía) como ejemplo de cómo el saber, la predicción o el diagnóstico pueden modificar el comportamiento o cambiar la decisión social. En la actualidad, la tendencia sugiere que un campo de aplicación del efecto Edipo, es la propaganda electoral y la publicación de encuestas para tratar de influir sobre las decisiones de los votantes.

    El efecto Edipo, puede ser utilizado para influir en el ánimo de las personas que ratificarán aquello que se les dijo ocurriría como una predicción, como una profecía que se autocumple, o como justificación cuando ocurre lo contrario, es decir, como autofrustración. En el caso concreto de las elecciones, este es el arma de doble filo que acontece cuando los jingles y los slogans sustituyen a las ideologías y a la lucha de clases tratando de convencer mediante algunos mecanismos, llámese “propaganda electoral”. El interés de la patria se muestra en la vestimenta del candidato por encima de su propio patriotismo que pasa a segundo plano; el candidato no sólo tiene que ser patriota sino parecerlo. El destino de un país, entonces, no se construye, se profetiza.

    El efecto Edipo tiene un hermano siamés más travieso y acomodaticio, es el efecto bandwagon que se refiere al hecho por demás visible de que la multitud monta el carro del supuesto vencedor. Mientras que el efecto Edipo es filosófico, hasta casi trágico, el efecto bandwagon es carnavalesco, es una distracción dirigida a la masa para que baile al ritmo que le toca el candidato a quien se le presenta como invencible mediante estrategias de imagen y marketing político. Mientras el bandwagon es un comportamiento de masas, el efecto Edipo es un principio epistemológico.

    Sin embargo, el efecto no es estático y no todo pronóstico es un conjuro del que nadie se podrá liberar. Algunos electores reaccionarán con conformidad subiéndose al carro del supuesto ganador, otros responderán con solidaridad hacia el posible perdedor, y una fracción restante, con neutralidad hacia el efecto que se pretendía instalar en el imaginario popular.

    Para la puesta en escena de este teatro de los augurios y la manipulación y de la propaganda electoral, entran al escenario los asesores políticos devenidos en oráculos con nombre de “consultores” de imagen, que no creen en derechas ni izquierdas sino en el comportamiento del votante sobre el cual se debe influir y, hay que decirlo, con más o menos éxito de acuerdo al grado de educación e información de la maleable población. No existe mayor credo ni ideología que la victoria, ninguna religión mejor que la encuesta manipulada, y mejor credo que el “grupo de enfoque” sobre el que hay que predicar el evangelio de la recuperación de la patria de los intereses externos y los enemigos internos, de la lucha contra la corrupción, de la salvación de la crisis que otros han creado, de la recuperación de la nación de las garras del imperio.

    El primer campo de batalla son las encuestas que se presentan como premoniciones, como profecías que se autocumplirán sin esperar ni sospechar que pueden ser autofrustrantes al provocar el efecto adverso. De esta forma se puede elegir el destino que irremediablemente se tendrá que cumplir porque es el deseo del candidato y que hace realidad el asesor de imagen. Los números triunfan sobre las ideologías, las tortas estadísticas se interpretan como cartas de tarot; alguien anuncia el final de la obra de teatro y el público, al escuchar crédulamente y creer lo que le dicen los analistas supuestamente mejor informados, reconfigura su comportamiento, sus expectativas, sus alianzas y sus decisiones de voto.

    Para los asesores electorales el efecto de Edipo es una estrategia de campaña; los asesores de imagen son indiferentes a las ideologías y las causas, van de candidato en candidato buscando no un ideal sino un contrato, no creen en derechas ni izquierdas, sino en el brillo de una sonrisa bien ensayada, han sustituido la lucha de clases por la lucha mediática, la ética por la estética, la verdad por el slogan. El efecto Edipo es el oráculo que se aprovecha de la fragilidad y volatilidad colectivas: queremos saber el futuro y en el intento por conocerlo nos lo crean, lo deforman y, como incautas víctimas de la manipulación, lo cumplimos. Tal vez algún día comprendamos que la verdadera libertad política consiste en votar sin oráculos, decidir sin las voces de los que nos dicen qué decidiremos.

    El truco consiste en hacer que el votante crea que piensa libremente cuando en realidad reproduce lo que le dicen las encuestas. Quizás la verdadera revolución consista en romper el círculo de las profecías. Las encuestas, las campañas, los discursos y los influencers son hoy los nuevos aparatos de esa ideología: instrumentos que fabrican consenso, repitiendo una y otra vez el estribillo de la libertad mientras se mide la obediencia. Mientras tanto, los asesores políticos —esa nueva casta de sacerdotes sin dioses— creen en las métricas y en los algoritmos. Se venden al mejor postor y predicen lo que el cliente quiere oír. Han reemplazado la lucha de clases por la lucha de likes.

    Entonces ya no es necesario predicar ideología sino optimismo. “Estamos primeros en las encuestas” repiten con una gran sonrisa sabiendo que las cifras son dudosas por manipuladas, sin preocuparse si se tiene o no un programa coherente, sin preocuparse si el candidato recuerda el nombre del propio partido que lo postula. Se trata de parecer ganador antes de serlo, de redefinir la victoria (¿recuerdan aquello del “triple empate”?), de reinventar los símbolos patrios, de cantar a voz en cuello preferiblemente canciones que hablen de la grandeza de la patria.

    Llegado el día de la elección y si hay confianza en el ente que regula las mismas, se revela el enfrentamiento entre el efecto Edipo y el bandwagon. Si el augurio y la manipulación no ganan, siempre se podrá gritar a voz en cuello: “fraude”. Conocidos los resultados de las elecciones y al ver más allá del espejismo que nos mostraron, al descubrir que el resultado electoral fue decidido por un sueño colectivo, se nos vendrá a la memoria aquella frase que se atribuye a Abraham Lincoln: “Pueden engañar a todo el mundo algún tiempo. Pueden engañar a algunos todo el tiempo. Pero no pueden engañar a todo el mundo todo el tiempo”, a la que responderemos con una sonrisa de amargura y desesperanza: “pero a nosotros nos engañan todo el tiempo”.

  • Los viejos no quieren hogares de ancianos: autonomía, vejez y prejuicio en América Latina

    Los viejos no quieren hogares de ancianos: autonomía, vejez y prejuicio en América Latina

    Un estudio en Chile revela la distancia entre cómo se ven los adultos mayores y cómo los imaginan los más jóvenes. La pregunta no es solo demográfica, sino política y cultural. ¿Cómo nos imaginamos nuestra propia vejez?

    Por: Paulina Valenzuela   |   Eduardo de la Fuente / Latinoamérica 21

    Por décadas, la vejez ha sido pensada -y muchas veces temida- como una etapa de dependencia, fragilidad y retiro social. En gran parte de América Latina, esa idea se ha reforzado con imágenes de “abuelitos” pasivos, necesitados de asistencia y alejados del mundo productivo o digital. Pero ¿qué pasa cuando las propias personas mayores se describen a sí mismas de otra manera?

    Un reciente estudio en Chile, elaborado por la consultora Datavoz, muestra resultados que invitan a cuestionar los estereotipos que circulan en buena parte de nuestras sociedades. Según el informe, el 85 % de las personas mayores de 65 años se declara plenamente autovalente; nueve de cada diez utiliza redes sociales sin problemas y una proporción similar rechaza categóricamente la idea de vivir en un hogar de ancianos. Más aún, el 88 % afirma no sentirse una carga para su familia.

    La distancia entre esta autopercepción y la mirada que suelen tener los más jóvenes es significativa, y revela un desfase generacional que también podría estar ocurriendo en otros países de la región. La vejez, al parecer, no es sinónimo de dependencia, sino de autonomía. Pero la percepción social va más lenta que la transformación demográfica.

    En toda América Latina estamos viviendo un proceso de envejecimiento acelerado. Según datos de la CEPAL, en 2050 una de cada cuatro personas será mayor de 60 años y en seis países de la región el 30% de los habitantes lo será. Sin embargo, nuestras políticas públicas, servicios sociales y discursos culturales siguen operando desde una matriz juvenilista, que no solo ignora la autonomía de los mayores, sino que muchas veces la bloquea activamente.

    ¿Cómo no pensar en esto cuando solo el 53 % de los jóvenes chilenos está en desacuerdo con vivir en un hogar de ancianos, mientras que entre los actuales adultos mayores ese rechazo llega al 84 %?

    ¿Será que la distancia no es solo de edad, sino de mirada?

    En ese contexto, la urgencia de revisar nuestras políticas públicas se vuelve evidente. No basta con ampliar programas asistenciales: se requiere repensar el diseño mismo de nuestras ciudades, de los sistemas de salud, del transporte y de los espacios comunitarios, para que integren a las personas mayores desde la autonomía, y no desde la dependencia anticipada. América Latina no solo envejece rápido: envejece desigual, con brechas profundas por género, clase y territorio. Sin una acción deliberada y anticipada, corremos el riesgo de llegar al 2050 (cuando uno de cada cuatro habitantes tendrá más de 60 años) con sistemas sociales pensados para una pirámide poblacional que ya no existirá.

    El estudio de Datavoz no ofrece recetas, pero sí instala preguntas urgentes. ¿Quién debe cuidar a los mayores? ¿El Estado, las familias, o un modelo híbrido? ¿Cómo sostenemos su derecho a decidir dónde y cómo vivir? ¿Estamos preparados como sociedades para ofrecer alternativas dignas, activas y libres de prejuicio?

    La dimensión económica también aparece con matices: casi seis de cada diez personas mayores declara que sus ingresos cubren totalmente sus gastos, aunque con diferencias importantes por género (63 % en hombres, 53 % en mujeres). Solo un 21 % recibe ayuda económica de familiares o cercanos.

    Y si bien la mayoría declara sentirse capaz de realizar sus actividades cotidianas, hay dificultades específicas que no deben ser invisibilizadas: el transporte público y el aseo del hogar aparecen como los ámbitos más complejos para este grupo, lo que revela que la autovalencia también tiene condiciones materiales.

    Tal vez la pregunta más incómoda es también la más necesaria: ¿cómo nos imaginamos nuestra propia vejez? Porque lo que pensemos hoy sobre los demás, inevitablemente, construirá el mundo en el que viviremos mañana.

    Paulina Valenzuela

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    Magíster en Estadística por la PUC Chile. Socia fundadora de DATAVOZ, agencia de investigación de opinión pública y mercado de Chile. Miembro del consejo directivo de WAPOR Latinoamérica.

    Eduardo de la Fuente

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    Sociólogo y MBA de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor de la misma universidad. Socio director y jefe de estudios senior en Datavoz.