La misión Artemis II, impulsada por la NASA, partió en 2026 con cuatro astronautas a bordo de la nave Orión para orbitar la Luna durante 10 días, sin alunizar, como parte de un proceso de pruebas rumbo a futuras misiones tripuladas.
Una misión de prueba, no de alunizaje
A diferencia de las históricas misiones del programa Apolo, Artemis II no contempla que sus tripulantes desciendan sobre la superficie lunar. El objetivo principal es probar sistemas, maniobras y condiciones necesarias para futuras misiones.
Preparación para futuras expediciones
Durante el viaje, los astronautas realizarán pruebas técnicas clave que servirán de base para misiones posteriores como Artemis III y IV, en las que sí se prevé el regreso del ser humano a la Luna, posiblemente a partir de 2028.
Limitaciones políticas y económicas
Uno de los factores que explica esta diferencia con el pasado es el financiamiento. Mientras que en la década de 1960 la NASA llegó a recibir cerca del 5% del presupuesto federal, en la actualidad ese porcentaje es significativamente menor, lo que condiciona el alcance de las misiones.
Un modelo más complejo y sostenible
El programa Artemis apuesta por una exploración más sostenida y a largo plazo, incluyendo alianzas con empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, lo que implica procesos más largos de desarrollo y validación tecnológica.
Más allá de la Luna
Además del regreso a la superficie lunar, el programa busca sentar las bases para futuras misiones a Marte, así como la construcción de una estación orbital y una base en el polo sur de la Luna, donde existen recursos estratégicos como agua y minerales.

