La represión apaga las protestas y deja tristeza en Irán

Tras la represión estatal a las protestas iniciadas a fines de diciembre, ciudadanos iraníes como Marjan y Parham expresan tristeza, ira y desesperanza ante un país que permanece en calma forzada, con presencia policial, restricciones al internet y un futuro incierto, en Teherán y otras ciudades de Irán, durante los últimos días de enero.

Calma tensa tras días de protestas y violencia

Irán atraviesa desde hace cuatro días un periodo de aparente calma, marcado por una fuerte presencia policial en las calles, el corte del internet global y un profundo sentimiento de desolación entre la población. La represión estatal puso fin a las protestas que se extendieron por todo el país, dejando miles de víctimas y una sociedad golpeada emocionalmente, según testimonios recogidos en Teherán por la agencia EFE.

Un sueño de libertades que vuelve a truncarse

Marjan, ama de casa de 41 años, resume el sentir de muchos iraníes tras la represión. Explica que soñaba con un país con libertades políticas y sociales básicas, como elegir su vestimenta, no usar velo, conducir una motocicleta o acceder a una seguridad económica estable, aspiraciones que nuevamente parecen inalcanzables bajo el actual sistema político.

El origen económico de las movilizaciones

Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, cuando comerciantes de Teherán cerraron sus negocios debido a la caída del rial y a una inflación cercana al 40 %. Las manifestaciones se expandieron rápidamente por todo el país, incorporando consignas contra la República Islámica y su liderazgo, reflejando un descontento social que trascendió lo económico y se volvió abiertamente político.

Represión y cifras que superan a 1979

Ante el crecimiento de las movilizaciones, el Estado iraní desplegó masivamente a sus fuerzas de seguridad el 8 de enero, aplicando una represión que, según organizaciones opositoras en el extranjero, habría causado más de 3.400 muertos, una cifra que supera incluso las 2.781 víctimas registradas durante la Revolución Islámica de 1979, de acuerdo con datos oficiales históricos.

Desencanto, pero sin renunciar al futuro

Parham, ingeniero civil de 35 años, relata haber presenciado disparos y gases lacrimógenos durante las protestas. Hoy comparte con Marjan una sensación de depresión colectiva, aunque considera que la represión ha incrementado el odio y la ira hacia el sistema, lo que podría detonar nuevas protestas en el futuro. Irán, recuerda, ya vivió movilizaciones en 2017, 2019, 2022 y 2024, un ciclo que parece no haber terminado.

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